Rosa Rivero, una humilde mujer cuyo terreno, en la Ruta N° 19, cerca del cruce con Riobamba, está sujeto a expropiación por el Gobierno de San Luis para ampliar las caballerizas de la Policía.
Rosa y su hijo viven en una más que humilde casa dentro de un gran predio que alguna vez perteneció a la firma Espartaco, cuyos dueños, acusados de una millonaria estafa, huyeron de la provincia en la década del 90. Mientras emprendía su retirada, la firma le cedió al ya fallecido marido de Rosa, quien era el encargado de cuidar el predio, los terrenos donde ella vive ahora y cría animales para subsistir.
A meses de que le tiren su casa abajo, a Rosa todavía no le han dicho dónde va a vivir. Un funcionario del Gobierno, de quien no recuerda el nombre, le había dicho que le iban a dar una casita de barrio, algo que a la mujer no le serviría de nada porque no tendría donde criar los animales (pavos, gallinas, cabras y cerdos) que tanto necesita para vivir.
“Quieren trabajar urgente acá. Hoy vinieron y dijeron que, sí o sí, iban a voltear todo acá. Me dijeron que iban a venir las máquinas para voltear todo. Hace más de 20 años que estoy acá. Tengo un pié delante y el otro afuera. Tengo el corazón en la boca porque en cualquier momento me van a sacar a la calle. Yo no quiero un chalé, yo quiero un pedazo de tierra para irme con los animales, porque de eso vivo yo”, comentó Rosa, quien aseguró que a su vecino, que ya fue expropiado, le dieron “una hermosa casa” y “tiene animales para el otro lado”. Se fue Espartaco, falleció mi marido y yo quedé acá. Mi marido era el encargado de todo acá. Se fueron ellos y todo quedó en nada. Huyeron por las deudas y nunca más volvieron”, contó la desesperada mujer que, desde principios de diciembre, vive en la incertidumbre de qué va a pasar con su hogar. “En este momento no sé, me iría al río, no tengo donde irme. Yo, si tuviera donde irme, me hubiera ido hace rato. No como ni duermo porque tengo el corazón en la boca”, concluyó Rosa. Pasado más de un mes Rosa y su hijo viven en una casa rodante que le prestaron los vecinos.
Por el Puntano
